sábado, 14 de agosto de 2010

LA TEMPERATURA EN EL SERVICIO DEL VINO

La temperatura en el servicio del vino

Uno de los elementos de máxima importancia en el servicio de vinos es la temperatura. Poner en temperatura un vino, es dar la temperatura exacta para beberlo, esto consiste tanto en enfriarlo como en ambientarlo.

La temperatura del vino juega un papel radical con respecto a las impresiones olfativas y gustativas, lo que ha de tener muy en cuenta.

Temperatura y vinos

Blancos jóvenes:
Blancos secos, deben servirse entre 7 y 10 grados centígrados, puesto que una temperatura mayor resaltaría los valores alcohólicos.

Blancos dulces, deben beberse a una temperatura de 5 grados centígrados debido a su potencial de azúcar, que permita mantener los aromas afrutados destacándose una
viscosidad en boca.

El cava y los espumosos son perfectos entre 6 y 8 grados. A menor temperatura pierden los matices y a mayor temperatura resaltan los sabores amargos no deseables de la variedad.

Vinos blancos viejos:
Su temperatura más idónea oscila entre 10 y 12 grados. Esta temperatura mayor es imprescindible para mantener los aromas terciarios, es decir, los producidos por
envejecimiento.

Vinos rosados:
Sus características a medio camino entre el blanco y el tinto, permiten ofrecerlos entre 10 y 12 grados. A menor temperatura perderían los leves matices del tinto que aportan los hollejos.

Tintos ligeros, jóvenes:
La temperatura oscila entre 14 y 17 grados centígrados. En estos vinos no se busca la ligereza ni la frescura, sino la expresión tánica y la corpulencia. Es la temperatura ideal para acompañar los platos, ofreciendo un contrapunto con la temperatura del menú.

Tintos viejos:
Para despertar los aromas terciarios de oxidación y reducción, originarios en la crianza, se necesita una temperatura de 17 a 18 grados centígrados. Con temperaturas más elevadas resaltaría el alcohol, que es más volátil, enmascarando los sabores y aromas especiados del envejecimiento.

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